OPPOSITE SPACE

Opposite Space  es un proyecto de contenidos digitales que busca desarrollar una red colaborativa para el debate y el intercambio de experiencias: La interrogación del arte como herramienta para entenderlo.

Es una plataforma digital que aspira a convertirse en un archivo completo del arte contemporáneo que proporcione a los visitantes información sencilla y relevante sobre los últimos descubrimientos sobre la cultura y las nuevas tecnologías, además de analizar los paradigmas culturales, políticos y estructurales que afectan y enriquecen la producción artística contemporánea.

¿Porqué?
Las rápidas transformaciones que operan en el territorio del arte requieren nuevas maneras de aproximarse y hacerse presente; ya los muros de las galerías se quedan cortos ante la extensa información que recibimos diariamente. Los espacios convencionales no generan sorpresa ni asombro y ante el escenario de un mundo extenso y globalizado, los museos o galerías locales terminan por rezagarse en el rápido fluir del arte. Es así como los medios masivos se vuelven cada vez más presentes en nuestra vida diaria, sobre todo el internet que, más que una herramienta de trabajo, se ha convertido en una prótesis de nuestro existir, una segunda vida (second life) donde pasamos horas transitando este infinito universo virtual.

Unimos diferentes realidades como una zona igualitaria, Recreamos realidades, generamos otro espacio público donde jugar estratégicamente con las oportunidades que se nos presentan, donde nuevas propuestas se pueden admirar. Un espacio público en donde intervenir, intercambiar, formar grupos y forjar una red viva. El ciberespacio fluye, no se fija ni en el espacio ni el tiempo, nos permite continuar la historia que estamos experimentando e inventar otras estrategias, otras historias mientras que el proceso de renovación continúa aquí y en todas partes.
OPPOSITE SPACE no es el resultado final, sino parte del proceso de evolución constante de la sociedad y sus necesidades. Es el reflejo de los intereses del medio en el que transitamos y de las oportunidades generadas día a día.

Breve reflexión acerca del tema

Fue hace ya casi seis años cuando salió a la luz el problema de las hipotecas basura, al mismo tiempo que el internet comenzó a amenazar el tradicional modelo de negocio de las empresas periodísticas, al crear canales de publicación de contenidos muchísimo más económicos que las imprentas habituales. De hecho, la red terminó por hacer extemporáneo el nombre mismo de “periodismo” a un flujo de noticias que ya no se corta en periodos de tiempo, sino que es constante y no se detiene ya durante las 24 horas del día, lo cual lo lleva a alimentarse de información basura, como rumores o versiones no confirmadas.

De ahí que el veterano periodista Luis Bassets haga un interesante paralelismo de nuevo entre la crisis subprime y la periodística en su libro “El último que apague la luz”: “Hay un hecho indiscutible y con frecuencia escasamente aceptado, y es que el periódico impreso va a desaparecer y va a hacerlo pronto, más pronto de lo que creíamos.” (1)

Actualmente existe un sitio web llamado “Newspaper Death Watch”, que se dedica, según su propio cabezal, a dar la crónica del declive de los diarios a la par del renacimiento del periodismo, aunque su utilidad reside en consignar, a manera de obituario, cuántos diarios han desaparecido por completo y cuántos sobreviven aplicando medidas como dejar de salir un par de días a la semana o sólo en ediciones on-line. La decadencia de los impresos se aceleró con la crisis financiera internacional incubada en la Unión Americana desde 2007, contagiada a Europa al año siguiente y que hace ver optimista la predicción de Philip Mayer en “The Vanishing Newspaper”, en el sentido de que el último diario en papel desaparecerá en el año 2043.

Las consecuencias de la desaparición no pueden ser de ninguna manera menores o secundarias. El periódico impreso ha sido durante una larga época la imagen del mundo, la escenificación diaria de la idea de una realidad ordenada y jerarquizada. También ha sido un poderoso icono frente a cualquier poder, ejemplificado por los titulares que denuncian un abuso o una corrupción. Algo así como la historia y a la vez la conciencia del mundo que llegaban cada mañana a nuestras manos. O eso es lo que nos hemos creído o nos hemos contado a nosotros mismos. Quizás era todo un espejismo, un relato que nuestra mirada posmoderna deconstruye ahora en sus piezas y trampas y que nuestra tecnología digital destruye y pretende sustituir como negocio.

Ahora es, en todo caso, el momento de pensar cómo son la realidad y la historia sin periódicos; cómo organizar la libertad y la democracia sin el pliego de papel que llega cada mañana simultáneamente a varios centenares de miles de personas. La desaparición del periódico en papel plantea muchos problemas para los periodistas, pero ninguno de ellos es relevante para el ciudadano. El mayor de todos es saber cómo informarse sobre lo que ocurre en su entorno más inmediato y conocer todos los datos relevantes que afectan a su vida y al ejercicio de sus derechos y deberes como ciudadano.

La desaparición del periódico impreso no es un problema por tanto de los periodistas y de los editores, aunque acarree muchos problemas a los periodistas y a los editores. Es un problema para todos. Para quienes los leen o quisieran seguir leyéndolos, pero también para quienes han nacido a la lectura en las pantallas y en los móviles pero quieren seguir disponiendo de buena información y de buen periodismo.

Lo primero que debemos decirnos es que esto se acaba. Saber mirar la realidad de frente es lo más elemental que debemos exigirnos si luego queremos poner de nuestra parte todo lo que haga falta para defender con uñas y dientes lo que es esencial y prioritario en la actividad de informar.

Y esta es la realidad: este oficio, tal como lo hemos conocido, ya no da más de sí. Ha sido bello mientras ha durado, que para algunos ha sido toda la vida, pero a partir de ahora quienes quieran seguir deberán pensar en cambiar de oficio o en cambiar radicalmente el oficio, que quiere decir cambiar ellos mismos.

Muchos lo están haciendo. Algunos, muy pocos, lo están intentando voluntariamente, porque se han cansado o porque no les gusta esta etapa de decadencia en que se ha ido deslizando el periodismo. Otros porque el oficio les ha expulsado, convirtiéndoles en obsoletos, o lo que es todavía peor: porque la crisis les ha echado aunque no estuvieran obsoletos de ningún modo.

Así es como el mundo está lleno de experiodistas, casi todos ellos prejubilados o en paro, al igual que durante la Guerra Fría el mundo estaba lleno de excomunistas. Antes de que empezara la crisis hubo un momento de exuberancia máxima, en que los periodistas proliferaban por todos los lados. Uno levantaba una piedra y se encontraba con un periodista. En las empresas, en las administraciones, en las instituciones públicas y privadas, en los partidos y en los Gobiernos.

Los lectores también han cambiado. Más incluso que los periodistas. A la vista de cómo van las cosas, cabe pensar que son ellos y no los periodistas los que están protagonizando el cambio. Los medios cambian porque quienes los consumen y usan quieren que cambien. ”El efecto de un medio sólo se fortalece e intensifica porque se le da otro medio que le sirva de contenido.” (2)

La irrupción de una nueva gama de tecnologías destinadas a manipular y transmitir información ha creado un panorama completamente distinto. Hoy existe una sola red formada por centenares de millones de conexiones permanentes de alta velocidad y por multitud de dispositivos aptos para proporcionar movilidad, lo cual representa un entramado dotado de unas potencialidades únicas y de una riqueza incomparablemente superior a todo lo que había existido hasta ahora. Los individuos han dejado de ser simples receptores pasivos y se han convertido en elementos activos de una estructura dentro la cual se relacionan sin verse afectados por muchas de las restricciones que hasta hace muy poco imponía la existencia física del espacio y el tiempo. Las personas hemos incorporado las nuevas tecnologías como una extensión de nuestra naturaleza, hasta el punto de convertirlas en imprescindibles para vivir en el mundo actual.

Como antecedente la puesta en línea de Napster en 1999, el lanzamiento de las primeras aplicaciones para la publicación de blogs (ese mismo año aparece Blogger y recién en 2001 aparece Movable Type, su principal competidor), y la creación de la Wikipedia a comienzos de 2001 fueron paradigmas de esta transformación y generaron las bases de la escritura colaborativa y los otros principios de la Web 2.0.

Estos eventos marcaron el inicio de la transición de la tecnología Web 1.0 a la 2.0. En este momento es evidente que la World Wide Web actual no es igual a la Web que existía en 2000 y que sitios de internet, aplicaciones y herramientas de software más complejas creadas para un mejor entendimiento, usuario-herramienta conviven entre sí y le dan mayor riqueza a la Web. Hoy existe un entorno virtual de convivencia entre aplicaciones estándares con escasa interactividad y otras de escritura colaborativa. Pero la Web en su conjunto empieza a dibujar un nuevo escenario de contenidos y metainformación en plena transformación hacia los principios de la Web 2.0.

La idea se encuentra en sí, en el mismo origen de la World Wide Web y del open source. “La web es más una creación social que técnica. La diseñé para un efecto social —para ayudar a las personas que trabajan juntas— y no como un juguete técnico. El objetivo último de la web es apoyar y mejorar nuestra existencia en la telaraña mundial.” (3)

En el entorno Web 2.0 los usuarios actúan de la manera que deseen: en forma tradicional y pasiva, navegando a través de los contenidos; o en forma activa, creando y aportando sus contenidos. Podemos hablar de Wikipedia como “una experiencia radical de confianza” donde cualquier usuario puede aportar la definición de un término y cualquier otro puede corregirlo, transformando al usuario de un mero consumidor a un codesarrollador en forma productiva para la plataforma. “La web del futuro expresará la inteligencia colectiva de una humanidad mundializada e interconectada a través del ciberespacio.” (4)

Wikipedia es uno de los productos más representativos de los valores de la Web 2.0; un medio ambiente igualitario con sentido de neutralidad entre pares. Sin embargo, al mismo tiempo, Wikipedia puede utilizarse como icono referente para señalar los problemas de dicha arquitectura de la participación, donde la estructura sitúa en el mismo nivel a escritores amateur y profesionales. En un escenario de 5.3 millones de artículos , esto provoca algunas imprecisiones conceptuales. La aplicación permite al usuario publicar y luego la comunidad determina la relevancia del contenido. El papel tradicional del editor queda totalmente trastocado y pierde poder en el negocio de la organización y jerarquización de la información, en un entorno donde ya no deciden que exponer y que ignorar.

Esta arquitectura de la participación, sobre la que se construye la Web 2.0, brinda nuevas herramientas de empowerment (empoderamiento) y, al mismo tiempo, de democratización en cuanto al intercambio del conocimiento. A fn de cuentas, todo este universo de desarrollos y avances tecnológicos tiene como pilar fundamental la valoración del usuario como pieza clave en el puzzle de la evolución tecnológica. En resumen: da cuenta de un cambio tecnológico pero más aún de un cambio social que ofrece a las comunidades la posibilidad de contar con herramientas que multipliquen las formas en que se genera y distribuye el conocimiento. La idea de los contenidos generados por el usuario (CGU) se refiere a aquella información producida por cualquier usuario de Internet en espacios virtuales de alta visibilidad sin requerir conocimientos tecnológicos avanzados. Esto hace referencia a una evolución desde la etapa en que los usuarios accedían contenidos creados únicamente por personas con ciertos privilegios hacia una fase en que los contenidos
se generan por usuarios, quienes sólo necesitan una computadora, conectividad y conocimientos básicos en el uso de la Red.

Indudablemente esta transformación obliga a reconstruir la arquitectura de los medios de comunicación tradicionales, ya que mientras más recursos ofrece la Web 2.0 para publicar en línea, más se consolida la idea del “periodismo ciudadano” en su rol cada vez más activo frente a los medios de comunicación masivos.

Por ejemplo, Reuters entendió este fenómeno como una fuente de noticias y de participación ciudadana, lo cual favorece la construcción social de los contenidos mediáticos. Esta tendencia va en subida y ha modificado la manera de manejar el periodismo digital. Tenemos usuarios de Twitter con más credibilidad que un presentador de noticias transmitido en una cadena comercial de televisión. Es la tendencia utilizar el principio de los usuarios como generadores de contenido y aprovechar su posición de ciudadanos y testigos directos, para generar y enriquecer las noticias.

Es necesario agregar que las posibilidades de Internet se potencian al combinarse con otras herramientas tecnológicas: teléfonos inteligentes, tablets y cámaras digitales cada vez más accesibles. Dicho de otra forma: hay potenciales reporteros digitales por todas partes y casi ningún obstáculo para la publicación, gracias a la Red.

Por otra parte también existen nanomedios (herramientas personales o colectivas de escritura como blog o wikis para publicar videos o audios, entre otros) en los que no se cuenta con mecanismos de moderación y queda a criterio del público creer o no en la veracidad de los contenidos expuestos. Se cumple la frase “soy el medio, soy el mensaje.” (5) Los usuarios se convierten en creadores de un medio de comunicación personal (media me) cuyo motor es el deseo de expresarse y/o compartir conocimiento. A la luz de estos nuevos formatos y canales se observa una explosión de información cuya onda expansiva favorece el libre intercambio de contenidos. Este panorama visto a escala global –con millones de cerebros interconectados comunicándose, permite vislumbrar un ciberespacio fértil en la creación colectiva de nuevos conocimientos.

Esta revolución tecnológica y también social hace posible la exploración de nuevas formas de organizar y compartir la información, que al mismo tiempo se convierten en una oportunidad para intercambiar el conocimiento distribuido entre las personas de todo el mundo. Bajo esta perspectiva, la creación y el consumo de contenidos se transforman en un proceso unipersonal y colectivo, donde todos los actores alimentan esta cadena como un círculo virtuoso que potencia lo social con lo tecnológico, y viceversa.

 

CITAS:

1. Luis Bassets, 2013. El último que apague la luz. Taurus. Madrid.
2. Marshall McLuhan.1998. Understanding Media.
3. Tim BernersLee, 2000. Tejiendo la Red, Siglo Veintuno Eds., España.
4. Cobo Romaní, Cristóbal; 2007. Planeta Web 2.0. Inteligencia colectiva o medios fast food. Grup de Recerca d’Interaccions Digitals, Universitat de Vic. Flacso México. Barcelona / México DF.
5. Varios autores; 2008. Cómo funciona la red. Centro de investigación de la web. Chile.

Bibliografía:

Luis Bassets, 2013. El último que apague la luz. Taurus. Madrid

Cobo Romaní, Cristóbal; Pardo Kuklinski, Hugo. 2007. Planeta Web 2.0. Inteligencia colectiva o medios fast food. Grup de Recerca d’Interaccions Digitals, Universitat de Vic. Flacso México. Barcelona / México DF.

Antoni Brey, Daniel Innerarity, Gonçal Mayos, 2009. La sociedad de la ignorancia, Libros infonomía. Barcelona.

Hugo Pardo Kulkinski, 2010. Geekonomía, un radar para producir en el postdigitalismo.
Colección transmedia XXI/laboratorio de Mitjans interactius/ Publicacions i edicions de la Universitat de Barcelona. Barcelona

Varios autores. 2008. Cómo funciona la red. Centro de investigación de la web. Chile.

Marshall McLuhan.1998. Understanding Media.
3. Tim BernersLee, 2000. Tejiendo la Red, Siglo Veintuno Eds., España.

 

 

Alejandra Mateos
Daniel Gutiérrez